La división de los bienes durante un divorcio puede resultar compleja en ocasiones. La vivienda familiar de la pareja suele ser el bien más difícil de abordar.
En Washington se aplican las normas de la comunidad de bienes, lo que significa que, por lo general, ambos cónyuges tienen la misma titularidad sobre los bienes adquiridos durante el matrimonio. Esto incluye la vivienda si se compró durante el matrimonio. Si hay que vender la casa El resultado del divorcio en cuestión depende de varios factores.
¿Siempre se vende la casa de una pareja durante el divorcio?
Un tribunal no exige automáticamente la venta de la vivienda de la pareja. En cambio, los jueces evalúan la equidad en la división general de los bienes cuando los cónyuges no logran llegar a un acuerdo por su cuenta. Si vender la vivienda es la forma más práctica de dividir el valor neto de la propiedad, se puede ordenar la venta. Sin embargo, si uno de los cónyuges puede permitirse quedarse con la propiedad y comprar la parte del otro, es posible que no se exija la venta. El resultado depende de la situación financiera de cada pareja y de los detalles más amplios del caso.
¿Qué otras opciones hay?
Además de vender la casa, existen otras alternativas. Uno de los cónyuges puede refinanciar la hipoteca a su nombre y compensar al otro por su parte del valor neto de la vivienda. En algunos casos, la pareja puede acordar mantener la copropiedad de la vivienda de manera temporal, especialmente si los hijos aún viven allí. Alquilar la vivienda y compartir los ingresos es otra opción, aunque esto requiere una cooperación constante.
¿Podría ser beneficioso quedarse con la casa?
Quedarse con la vivienda puede aportar estabilidad, sobre todo para los niños, a quienes les conviene seguir en el mismo colegio o barrio. También puede ser una buena opción si el mercado inmobiliario está en baja, ya que vender con pérdidas perjudicaría a ambos cónyuges. Por otro lado, quedarse con la vivienda implica tener en cuenta la viabilidad económica, ya que a una sola persona le puede resultar difícil hacer frente por sí sola a los pagos de la hipoteca, los impuestos y el mantenimiento.
En un divorcio, vender la casa no es la única opción. La decisión depende de la situación financiera, las necesidades de la familia y qué acuerdo resulte más beneficioso una división equitativa de los bienes.

