Los niños con necesidades especiales son, ante todo, niños. Sin embargo, necesitan cuidados y atención adicionales para desarrollar todo su potencial. Quizás esto fuera un poco más fácil cuando vivían juntos o estaban casados en Washington, pero ahora que están divorciados o separados, la crianza compartida de un niño con necesidades especiales puede plantear desafíos únicos.
Retos que cabe esperar
El primero es custodia de los hijos. Los niños con necesidades especiales se benefician enormemente de contar con un horario y una rutina constantes, así como de la participación de ambos padres en su cuidado. Si es posible, resulta mucho más fácil que los padres, al comprender a fondo sus circunstancias particulares, lleguen a acuerdos sobre la custodia que beneficien a todas las partes involucradas. Sin embargo, si esto no es posible, un tercero —un juez— tendrá que aplicar su mejor criterio para tomar una decisión sobre la custodia, la cual podría no tener en cuenta todos los matices de las necesidades especiales de su hijo y de su situación.
En segundo lugar, pueden surgir cuestiones económicas. No solo tendrán que coordinar sus ingresos, los gastos médicos y los costos educativos relacionados con las necesidades especiales de su hijo, sino que es posible que uno de ustedes o ambos reúnan los requisitos para acceder a programas de asistencia del gobierno como Medicare, Medicaid y el Seguro de Incapacidad del Seguro Social.
Por último, es posible que surjan dificultades en la comunicación entre ustedes dos. Las necesidades especiales de su hijo exigen mucha compasión y comprensión por parte de ambos padres, lo cual puede resultar complicado cuando las emociones están a flor de piel después de un divorcio o separación.
Consejos para la crianza compartida de un niño con necesidades especiales
Lo más importante que pueden hacer es mantener una postura unida a la hora de tomar decisiones sobre el cuidado de su hijo. Si es posible, elaboren un plan en el que participen ambos padres y establezcan pautas sobre cómo abordar los problemas o desacuerdos. Además, consideren dedicar tiempo a comprender los sentimientos y puntos de vista del otro respecto a la situación de su hijo y la mejor manera de atender sus necesidades.
La crianza compartida de un niño con necesidades especiales es, sin duda, una tarea compleja que exige una paciencia, una coherencia y una empatía excepcionales por parte de ambos padres. Lidiar con las dinámicas posteriores al divorcio o la separación mientras se atienden las necesidades específicas del niño puede resultar difícil, pero es factible. La forma más sencilla de manejar esta situación es asegurarse de que el interés superior de su hijo guíe cada decisión que tomen.

